No lo dejemos en el olvido
La palabra «Adviento no significa
«espera», como podría suponerse, sino que podríamos definirla como «presencia»,
o mejor dicho, «llegada»
Es decir, que el Adviento significa la
presencia comenzada de Dios mismo. Por eso nos recuerda dos cosas: primero, que
la presencia de Dios en el mundo ya ha comenzado, y que él está presente en nuestras vidas y en segundo
lugar, que esa presencia de Dios acaba de comenzar y está en proceso de
crecimiento y maduración. Su presencia ya ha comenzado, y somos nosotros, los
creyentes, quienes, por su voluntad, hemos de hacerlo presente en el mundo. Es
por medio de nuestra fe, esperanza y amor como Él quiere hacer brillar la luz
continuamente.
Adviento significa presencia de Dios ya
comenzada, pero también tan sólo comenzada. Esto implica que no mira solamente
a lo que ya ha sido y ya ha pasado, sino también a lo que está por venir. No
debemos limitar el período de Adviento simplemente a la Navidad, sino que
tenemos que seguir trasmitiendo ese espíritu de felicidad y alegría por la
presencia de Dios en nuestras vidas, en nuestro día a día. Este espíritu nos
ayuda a ir superando los problemas y dificultades que se nos plantean en los
distintos momentos a lo largo de nuestra vida, debemos recordar que no estamos
solos, que la presencia de Dios nos alumbra y nos guía en nuestro caminar y
siempre estará presente aunque creamos que no. Su luz sigue creciendo poco a
poco y somos nosotros los encargados de llevarla allí donde vayamos, prestando mas atención a nuestro alrededor y a las personas que nos rodean sacando tiempo de donde lo haya para aquellos que mas lo necesitan y para nosotros mismos, reflexionar y escuchar sin dejar de lado a aquellos que más se preocupan por nosotros.
Como propósito podemos intentar
llevar a cabo esta actitud de entrega y escucha a Dios y hacia los demás y no
limitarla solo a un periodo antes de la Navidad, recordar que por muy solos que
parezca que estamos a veces, siempre podemos contar con ÉL.
